El Edificio «General Artigas» está ubicado en un predio con una gran importancia histórica. El nombre de este barrio, Tres Cruces, se debe a «las tres cruces de madera que señalaron a principios del siglo XVIII el lugar donde se consumó el asesinato de tres víctimas por malhechores», según Isidoro de María.

José Gervasio Artigas fue elegido Jefe de los Orientales el 10 de octubre de 1811 en la chacra ubicada al norte de la actual calle Monte Caseros y la avenida Garibaldi. En la chacra que pertenecía al escribano Manuel José Sainz de Cavia, Artigas redactó las Instrucciones de 1813. En este lugar actualmente hay un torreón junto a un ombú, frente a la calle Avelino Miranda, a pocos metros de la avenida 8 de Octubre.

Este espacio fue considerado al fundarse la ciudad, como «propios», o sea, tierras destinadas a la obtención de proventos fiscales. El 4 de abril de 1832, fue vendido por parte del gobierno a la señora Juana López de Sánchez.

Luego de pasar por varios dueños, llegó a manos de la señora Blixen de Castro, quien decidió realizar lo que se llamaba un «hotel privado». Así eran llamadas las casas aisladas de los colindantes y habitadas por una sola familia. La construcción de esta residencia estuvo a cargo del arquitecto francés y profesor de la facultad de arquitectura nacional, Joseph Paul Adrien Carré.

La revista ARQUITECTURA, en su tomo I, se refiere a este edificio de la siguiente manera:

«Este hotel se levanta en una de las avenidas principales de la ciudad, precisamente en su sitio más privilegiado, desde donde se dominan los alrededores, y la vista se extiende al infinito sobre el horizonte del mar. La forma misma del terreno, en pendiente del lado sur, favorece la ubicación de la construcción, que tiene la fachada principal sobre la avenida, mientras la fachada posterior, se desarrolla al nivel superior del jardín.

El centro de la casa está ocupado por el hall, alrededor del cual se encuentran dispuestas las piezas de recepción: salón, escritorio, ante – escritorio, comedor y billar, y arriba, las piezas de habitación. El hall tiene el piso de mosaico veneciano, estando sus paredes revestidas de roble y tapicería de gobelinos. La escalera es también de roble, así como la baranda del piso alto. El techo está formado por una armadura de cemento armado, soportando un plafond compuesto de hierro, plomo y vidrios de colores, que está rodeado por una guarda de bronce para la aereación. Por encima está colocada una claraboya corrediza, dejando entre ella y la vidriera, un espacio libre en el cual corre el toldo.

La entrada es de estuco, imitación piedra. El vestíbulo también es de este material, imitación mármol. Los cielos rasos son de yeso. Los parquets llevan guardas de roble. Se ha sacado partido en el piso de la magnífica vista sobre el mar para disponer una verandah, con un largo balcón, verandah que proteja de los vientos del sur; y una gran terraza sobre la bajada a cubierto al nivel del piso superior.

Del lado norte, sobre la fachada, se encuentran dispuestos en el piso alto los dos dormitorios principales, con sus dependencias: cuartos de baño, gran ante – cámara con armarios, y en el centro un lujoso «boudoir», con una amplia ventana a la calle.

Delante de las piezas de habitación se han reservado dos «loggias» con el objeto de atenuar los ardores del sol, y al mismo tiempo crear una terraza cubierta, desde la cual se puede tener la vista de la calle, sin interceptar la circulación del aire.

Luego de pasar por varios dueños, llegó a manos de la señora Blixen de Castro, quien decidió realizar lo que se llamaba un «hotel privado». Así eran llamadas las casas aisladas de los colindantes y habitadas por una sola familia. La construcción de esta residencia estuvo a cargo del arquitecto francés y profesor de la facultad de arquitectura nacional, Joseph Paul Adrien Carré.

Constituye una especie de sala exterior, en la cual puede estarse a la sombra, bien a cubierto de la vista de la calle. La luz y el aire penetran abundantemente, por la parte superior de las «loggias».

El estilo de la casa resulta de las condiciones mismas del programa que el arquitecto ha querido seguir en sus exigencias: la distribución interior, la orientación, el clima, la higiene y los materiales empleados.

Se refleja un estilo clásico francés, que rejuvenece las formas de los siglos precedentes al nuestro para adaptarlas a una visión más moderna y más en armonía con nuestro clima.»