«Con las mejoras efectuadas a nivel de laboratorios e instalaciones en general, hoy por hoy se adelantan una o dos etapas en el proceso de investigación. La nueva infraestructura ha mejorado la calidad de la gestión de la ciencia y ello contribuye a lograr mejores resultados», describe y evalúa el Tte. Cnel. José Carlos Fonseca, Jefe de la Base Científica Antártica Artigas (BCAA) en entrevista realizada por Comunicación Institucional del Ministerio de Defensa.

¿Cómo definiría la experiencia de vivir y trabajar en la Antártida?

Cada uno lo vive de forma diferente, pero particularmente, me atrevo a decir que es una experiencia única por el contexto ambiental en donde estamos, por la lejanía del continente. No me canso de mirar, de apreciar, de disfrutar la belleza del glaciar, de la costa, que constantemente está cambiando. Porque un día está todo blanco y al día siguiente podemos apreciar otro panorama, tenemos otro horizonte, eso no tiene precio. Sin dudas, lo definiría como algo  único.

La realidad es que estamos relativamente aislados, y eso psicológicamente uno lo sabe y tiene su reflejo en la cotidianeidad, por ejemplo: no voy al supermercado y consigo lo que me falta. O, si bien, gracias a la tecnología, podemos tener contacto telefónico vía WhatsApp o cualquier otra plataforma que nos permite la tecnología moderna estar en contacto con la familia, o con cualquier parte del mundo, sabemos que por inclemencias climáticas a veces no lo conseguimos.

¿Cómo se desarrollan las relaciones de convivencia en la Base?

Las relaciones humanas no son siempre fáciles. Representan una complejidad grande. Si bien hemos tratado de vincularnos previamente, cuando llega la hora de estar en la cancha, a veces se generan algunos malestares, que a mí, como jefe de la dotación es de mi incumbencia, y trato de encontrar mecanismos para que se vayan autorregulando, y que se puedan ir superando y que se viva en armonía, cooperación y coordinación, porque todos dependemos de todos.

La importancia acá está en la cooperación y en actuar con el otro, sin lugar a dudas, porque hay un momento, que en la soledad hay un refugio, pero nadie se puede encerrar en sí mismo porque ya estamos todos encerrados acá. Y si uno se pone a mirar adentro, muy posiblemente no logre terminar a satisfacción, por más que sea una persona introvertida, creo que necesitamos interactuar y en alguna medida buscar una válvula.

Esa persona válvula trato de ser yo, lo que tengo que hacer es tratar de encontrar vías de allanar esas fricciones, siempre intentando generar un buen ambiente. Lo estamos consiguiendo, estamos superando esas etapas, que cada contingente nuevo de científicos que llegan renueven las expectativas, los vínculos, donde la prueba máxima es la campaña de invierno.

¿Cuántas personas hay en la base a lo largo del año?

Como dotación fija estamos hablando de un equipo de 10 personas que son las que permanecen todo el año.

En el período de verano, este equipo se incrementa con tres personas más que son integrantes de la dotación básica, además de todo el componente, que para este año se prevén 10 integrantes como equipo de trabajo. Y después, acorde a las coordinaciones, y los proyectos que lleva adelante el Instituto Antártico Uruguayo, a través de su Dirección de Ciencia y Tecnología, es variable. Ahora mismo estamos próximos a recibir un grupo de estudiantes de la Escuela de Verano de la Facultad de Ciencias. En ese grupo suma 25 personas.

En ese lapso: ¿en cuánto queda la población la Base?

Estaría rondando en 60 personas.

¿Cuánto han impactado las remodelaciones que se han hecho a lo largo del 2018?

Las mejorías contribuyen a darle un mayor bienestar y un mejor aprovechamiento del tiempo. Desde el punto de vista de la dotación y la vida en la BCAA, se ha mejorado la calidad de vida, el estar, las instalaciones en cuanto al comedor, la sala de juegos, los lugares de esparcimiento. La próxima etapa debería apuntar a las áreas de deporte – el resto de la infraestructura estamos muy bien.

¿Laboratorios?

En cuanto a la remodelación en el área de ciencia, se construyó un espacio para los laboratorios. Esto nos posiciona muy bien, inclusive en comparación a los demás países que están operando en la Isla Rey Jorge.

Hemos tenido la visita de otros contingentes de científicos, y han quedado gratamente sorprendidos con las nuevas capacidades que se están brindando. Seguiremos mejorando: se pretende instalar nuevos equipos y materiales para desarrollar aquí mismo procesos complejos que antes no se podían hacer. Anteriormente, se sacaba la muestra para ser procesada en Montevideo, a riesgo de su degradación, producto del largo viaje, de la variación de la temperatura.

Con las mejoras efectuadas a nivel de laboratorios e instalaciones en general, hoy por hoy se adelantan una o dos etapas en ese proceso de investigación. La nueva infraestructura ha mejorado la calidad de la gestión de la ciencia y ello contribuye a lograr mejores resultados.

Cuando culmine su período en la Base: ¿qué se propone haber logrado? 

Que logré lo que soñé. Para mí estar acá es un sueño que tengo desde el año 1997. Tenía las intenciones, no se había dado por un tema de jerarquía, se había suprimido el cargo de segundo jefe en ese momento. Después en la vida militar se me fueron dando otras posibilidades. Ahora que estoy en la jerarquía de jefe y una vez más se dio la oportunidad de presentarme para estar en este cargo, y aparte de ser un sueño cumplido, pienso que no me voy a arrepentir, y como experiencia del relacionamiento humano creo que va a ser algo formidable para toda mi vida.

Vivir y trabajar en la Base Científica Antártica Artigas