Campaña de Prensa contra IMAE Cardiovascular en el Hospital Militar

Se inicia en setiembre de 2012, con artículos de El País firmados por el Sr. Federico Castillo. Continúa en Octubre de 2013 con una saga de artículos diarios en El Observador bajo la firma de la Srta. Paula Barquet. Aparecen también algunos artículos aislados en Búsqueda, órgano que arreció su campaña en 2011, cuando se dilucidaba la elección del Director del Departamento de Cirugía Cardíaca de la Facultad de Medicina. Y menciones a los referidos artículos en los Informativos Centrales de los cuatro canales (4, 10, 12 y VTV), también durante la segunda quincena de octubre del corriente.

Los “informantes” se repiten. En un caso, es el primo del Editor de Búsqueda, y más recientemente un cardiólogo twitero pródigo en mentiras e intentos de insultos, como puede corroborarse fácilmente a través de su cuenta, personajes ambos de segunda línea y seguramente aspirantes a alguna promoción futura en reconocimiento a sus “servicios”, tras los cuales se ocultan los verdaderos “peces gordos” con fuertes intereses económicos para mantener el “statu quo” de la medicina cardiovascular del país.

La ética periodística de los mencionados voceros queda diáfanamente clara. A pesar de las groseras y desinformadas mentiras que se desgranan en sus artículos, jamás hicieron el intento de contactar a los “acusados” para corroborar la veracidad de sus fuentes. Por eso decimos que se trata de campañas de prensa y no de información desinteresada a la población.

Veamos ahora los “argumentos”:

1. El Dr. Cassinelli es comunista y convenció al Ministro F. Huidobro del emprendimiento. Es una conjura del PCU para adueñarse de la Sanidad Militar. El Sr. Presidente de la República no sabía lo que hacía cuando firmó las Resoluciones de Dic/12 y Feb/13, fue una muestra más de como “regalar” la salud al PCU y cuando no supo qué hacer, escuchó voces amigas como la del Vicepresidente de ASSE, el cardiólogo Soto, y les pidió: “resuélvanmelo”.

En primer lugar, el Dr. Cassinelli no es comunista como machaconamente se insiste. Apoyó un sector político que ha sido citado expresamente como contrario de forma orgánica a este emprendimiento, por lo cual lo único seguro es que, en próximas instancias no reiterará ese apoyo.

Parece mentira que, en pleno siglo XXI, algunos “operadores políticos” sean tan creativos que no encuentren mejor argumento para defender sus posiciones que agitar el trapo sucio del anticomunismo, intentando aislar políticamente este proyecto con el telón de fondo del “oso rojo”.

Si lo que se quería era atemorizar al sector militar, la contundente y oportuna respuesta a Búsqueda semanas atrás del Sr. Director de Sanidad Militar Gral. Manini Ríos, debería haberles despejado el pensamiento.

La despectiva mención a la “incapacidad” del Sr. Presidente de la República para actuar informada y responsablemente, merece la más firme condena y repudio. A tales extremos se llega en base a mucha soberbia y escasa inteligencia.

El Sr. Ministro Fernández Huidobro ha dado suficientes evidencias de que es él y no otro quien toma las decisiones en el MDN, así que mal podría “convencerlo” alguien de algo que él mismo había comprometido ante el colectivo militar en el momento de asumir el cargo.

Si el PCU, a través de sus Ministros designados al frente del MSP, asumió una firme postura de respaldo y fortalecimiento de la Red Pública de asistencia, también en la esfera cardiovascular, lo habrá hecho en base a una decisión política orgánica que la población del país deberá valorar oportunamente. Así como juzgar a todos y cada uno de los sectores políticos que brinden su apoyo o su oposición a este emprendimiento.

2. El IMAE Cardiovascular del Hospital Militar es “una decisión lamentable”.

Tal el epíteto que usó el ex-presidente del SMU, Dr Rebella, y reproducido por El Observador del 17/12/13 en grandes titulares. Desconoce el Dr. Rebella que, por elementales motivos logísticos y de filosofía institucional, un Servicio de Sanidad Militar debe ser autosuficiente, sobre todo en áreas estratégicas como la cardiovascular. Tampoco parece saber que los 170.000 usuarios de Sanidad Militar constituyen el único subsector de la Salud Pública que deben solventar con detracciones a sus menguados ingresos su atención en esta esfera, mientras las arcas del estado se hacen cargo de los gastos (que no de la cápita) de los usuarios de ASSE y de Sanidad Policial. Y más aún, el Fondo Nacional de Recursos le cobra un 3% adicional a los aranceles vigentes por “gastos de gestión”, para controlar administrativa y técnicamente estos procesos de atención, tarea que realiza en forma gratuita para todo el resto del sistema. Por lo que resulta comprensible que el colectivo militar se pregunte si es esto justo , o más bien “lamentable”.

3. El IMAE del Hospital Militar nace para competir con el Centro Cardiovascular Universitario y otras “tonterías”.

Este proyecto nace para solventar una necesidad institucional propia, buscando la mejor asistencia de sus usuarios. Con una visión más amplia se propone a posteriori su inclusión en el marco de la RIEPS y del Convenio suscrito hace escasas semanas por ASSE, Ministerio de Defensa Nacional y Ministerio del Interior (con la incorporación pendiente de la Facultad de Medicina, en donde se tramita por las vías institucionales correspondientes), para la elaboración de un Programa Nacional de Atención Cardiológica de Alta Complejidad en la Red Pública de Salud que deberá quedar pronto antes de fin de año.

Es la propia Facultad de Medicina quien propone al MDN un acuerdo de complementación, pues a pesar de todos sus esfuerzos y de las cuantiosas inversiones realizadas para la construcción de su Centro Cardiovascular Universitario en el Hospital de Clínicas, no puede solventar sino un porcentaje limitado de la demanda del sector público. Es desde hace más de tres décadas el único IMAE público, subsector que genera alrededor del 30% de la demanda de servicios cardiológicos del FNR, solo satisface un escaso porcentaje de los procedimientos que genera el subsector público, sobre todo en lo referente a las cirugías cardíacas, debiéndose derivar el resto a los IMAEs privados. Y concretamente en Cirugía Cardíaca, por falencias estructurales crónicas del Hospital, puede escasamente realizar una o dos cirugías semanales, comprometiendo además la formación de los nuevos especialistas con esta limitada ejecutoria.

La Facultad tuvo años atrás una oportunidad histórica tan inesperada como difícil de repetir: con base en una cuantiosa donación del gobierno venezolano, pudieron invertirse más de tres millones de dólares (cuatro según el Dr. Rebella) en la construcción del Centro Cardiovascular Universitario. Actualmente crece el número de procedimientos diagnósticos y terapéuticos de la Cardiología Intervencionista, pero no hay manera de aumentar el ritmo quirúrgico. ¿Es que al Director del Departamento de Cirugía Cardíaca de la época, quien ejerció su cargo durante una década hasta su retiro por edad, no se le ocurrió pensar que sin Salas de Operaciones, Terapias Intensivas y otras facilidades quirúrgicas propias, el servicio quedaría preso de las carencias generales del Hospital?,
¿falta de idoneidad?, ¿imprevisión?, ¿intereses espurios para seguir con la derivación externa de pacientes, como acusa el Dr. Tonto?

Más allá de las conclusiones a las que puedan arribar las autoridades de la Facultad y de la UDELAR, tan mal asesoradas en su momento, existe hoy la necesidad contingente de colaborar, que no de competir, para fortalecer de una buena vez la red pública de asistencia en esta materia. Y para eso, luego de más de tres décadas perdidas, ha comenzado a trabajarse con firme decisión.

Otros, como el Dr. Rebella y sus amigos informantes de la prensa, estarán pensando, como él lo confiesa expresamente, que la solución pasa por cerrar el Hospital. Contradiciéndose a sí mismo afirma que el Centro Cardiovascular está “subutilizado” por lo que no resultaría pertinente la apertura de un IMAE cardiovascular en el Hospital Militar, pero en el mismo artículo admite que en las actuales condiciones, el Hospital no puede aumentar su número de operaciones. “La razón de la sinrazón que a mi razón se hace, de tal forma mi razón enflaquece …”, decía el Quijote.

¿Cuál es su solución?¿seguir derivando pacientes a los IMAEs privados y obstaculizar el fortalecimiento de la red pública?

4. Hay que velar por la “libre elección” y derivar los pacientes de ASSE (los más “desprotegidos”) a centros que les aseguren buenos resultados.

Para elegir libremente hay que estar debidamente informado. Y esto resulta difícil de conciliar con la publicación en la página web del FNR, recién a fines de marzo del corriente, de los resultados quirúrgicos nacionales de
2009 a 2011. ¿es esto información actualizada y oportuna? Pero más aún, como reconoce la Dra. Gamboggi, co-directora técnica del FNR, en una reciente intervención durante un evento sobre seguridad del paciente, posteriormente publicada, sólo un 27% de los pacientes elige dónde intervenirse, decidiendo en la gran mayoría de los casos el médico tratante. Y este se ve con demasiada frecuencia presionado por las instituciones que lo emplea, ¿de qué otra manera podría interpretarse que la derivación externa de las mutualistas que tienen IMAEs en su seno resulta prácticamente mínima? Ello no se condice con la variabilidad interinstitucional de los resultados: si la información fuera real, todos los pacientes elegirían ir al centro de mejores resultados y no a los demás.

Por otra parte, cumplen las actuales autoridades de ASSE con su cometido de velar porque la derivación de sus usuarios se haga a los mejores centros. Por cierto que aquellos que acuden al IMAE público no están recibiendo hoy las mejores condiciones, como queda claro de los informes técnicos del FNR. Lejos de criticar la incorporación del IMAE militar, debieran estar expectantes que la sinergia entre ambos centros públicos pueda mejorar la calidad de la asistencia en el sector público.

Ninguna resolución presidencial conmina a una derivación obligatoria a centro alguno: por el contrario define un escenario marco que solo podrá materializarse en función de resultados concretos, examinados sin preconceptos. El artículo de El Observador del 16/10/13 cita los nombres de la Dra. Beatriz Silva y del Dr. Enrique Soto afirmando que se los quería obligar a derivar de manera obligatoria los pacientes de ASSE al sur del Río Negro al nuevo IMAE, lo cual es rotundamente falso, por lo cual hubiera resultado oportuno y conveniente que ambos jerarcas desmintieran a ese órgano periodístico (… aún están a tiempo). Sólo se les solicitó que el IMAE militar pudiera ofrecer sus servicios a través de un Convenio marco que la Resolución Presidencial recomendaba (que no obligaba), lo que fue diferido una y otra vez por ASSE desde principios de año.

5. Todos los IMAEs están en torno al Obelisco y el interior sigue esperando…

Si los IMAEs se encuentran en torno al Obelisco (aunque cabría aclararle al periodista de El País que el IMAE cardiológico de Casa de Galicia está basado en el Sanatorio de Millán y no en las Policlínicas de la calle Colonia), ello obedece a deformaciones históricas de décadas de gobiernos variopintos que no vislumbraron los problemas que se derivarían de una inadecuada dispersión de los centros de asistencia en la Capital. Pero lamentablemente, un IMAE cardiovascular requiere estar inserto en un Hospital de nivel 3 o 4, lo que obliga a esta “proximidad”.

La necesidad de un IMAE en el interior está fuera de discusión. En lo que respecta a la Red Pública, la decisión política ya fue anunciada por la Sra. Ministra de Salud Pública en reiteradas oportunidades: será en el Hospital de Tacuarembó y tan pronto como sea posible.

Pero hay dificultades para su instrumentación inmediata. Los estudios técnicos del FNR dejan claro que podría instalarse allí un angiógrafo, con la implícita posibilidad de instrumentar un programa de angioplastia primaria en el marco del Programa de la RIEPS para la asistencia de eventos coronarios agudos. Pero el número de cirugías no llega al mínimo exigible de acuerdo a diversos estándares internacionales (asumidos en Uruguay por el FNR) como para instalar allí un Centro de Cirugía Cardíaca. La solución podría ser rotar allí periódicamente, personal de la Red Pública (Centro Cardiovascular Universitario y Centro Cardiovascular Militar), bajo una política firme y definida de protocolización de procedimientos.

Más complejo puede resultar el tema de un IMAE privado en Salto, aunque cabe destacar que la mutualista salteña forma parte de la FEMI, por lo cual podría funcionar como emprendimiento satelital de la “red FEMI”. Es razonable esperar que luego de tan encendida defensa de los derechos de los pacientes del interior a una asistencia geográficamente más cercana, los usuarios de FEMI al norte del Río Negro puedan ser derivados al Hospital de Tacuarembó hasta que la FEMI no resuelva el tema de Salto.

Por último, cabe interrogarse acerca de una cuestión jamás planteada en este par de años de mentiras y falsedades respecto al IMAE cardiovascular militar:

¿Por qué en 2003 la FEMI abrió su IMAE cardiovascular en el Sanatorio Americano de Montevideo, a menos de 7 cuadras del Obelisco?

No presenciamos en ese momento ninguna intensa campaña de prensa requiriendo que la federación de instituciones médicas del interior, radicara su emprendimiento fuera de la Capital, acercando geográficamente sus servicios a su masa de usuarios. Ya estaba planteada la idea de Salto. Sin embargo los pacientes de GREMEDA, CASMER, COMEPA o la propia SMQ de Salto, no fueron al parecer consultados.

No es culpa de este Gobierno, ni debiera ser motivo de preocupación para el Dr. Rebella y sus secuaces, tampoco para el Diputado Javier García, ni para las actuales autoridades de ASSE que en aquel momento podrían haber terciado en el tema desde sus posiciones institucionales y gremiales del momento, etc, etc.

A la capital lo que es de la capital, al interior lo que es del interior,… y al país la Red de Efectores Públicos, debidamente articulada, priorizada y defendida. Quizás una vía para la resolución de este y otros temas, sea definir de una buena vez la incompatibilidad de cargos público-privado. En ese escenario sería más fácil definir, como proclama el Dr. Rebella, quienes tienen la camiseta puesta y quienes no.

Dr. Mauricio Cassinelli Arana
Cirujano Cardíaco / Asesor del Sr. Ministro de Defensa Nacional
Octubre 24 de 2013

Comunicado 018, 24 de octubre de 2013