El 17 de marzo de 1913 se estableció en «Los Cerrillos», la primera Escuela de Aviación Militar del Uruguay, siendo también una de las primeras de América Latina.

En Europa solo Francia, Inglaterra y Alemania tenían escuelas militares de aviación con muy poco tiempo, mientras que Italia recién había empezado en esos años y en nuestro continente, la de mayor desarrollo eran la de Estados Unidos. En el resto del Mundo solo el Imperio del Japón, tenía inaugurada su escuela militar de aviación y era naval.

El hecho de tener una Escuela de Aviación de formación profesional, era un gran avance científico y tecnológico para nuestro país, donde había que desarrollar estudios además de las ciencias aeronáuticas y de la ingeniería/mecánica, como también lo eran las ciencias de la atmósfera y de la meteorología.

La Escuela de Aviación de «Los Cerrillos» contó desde el principio con el apoyo de la población local y del gobierno departamental, visitando Tomás Berreta las instalaciones y siendo acompañado por el hijo del presidente Batlle, César Batlle Pacheco, un periodista muy entusiasta de los avances de la ciencia y de la aviación.

Su ubicación fue en el casco de la Estancia de Domingo Veracierto, que había vendido la mayor parte de su propiedad (unas 2300 hectáreas) al Ministerio de Guerra y Marina en 1912, para la Escuela de Aviación de “Los Cerrillos” y operaciones varias del Ejército Nacional.

En esos años se realizaban reuniones y tertulias, en la casona de Veracierto que mantuvo unas 477 hectáreas de la antigua estancia, participando el mismo como anfitrión junto a su familia, recibiendo autoridades ministeriales y departamentales de Canelones. Las mismas estaban encabezadas por Berreta y el hijo del presidente Batlle, que junto al francés Paillette, se alojaban en las habitaciones de la casona. Su aspecto de un hombre de estilo, de vida elegante, muy francés que le gustaba viajar, la buena mesa y la música, no pasaba desapercibido.

De los primeros 10 alumnos de la Escuela de «Los Cerrillos», la mayoría eran del arma de Artillería del Ejército Nacional, de los cuales cuatro eran de Canelones, entre ellos el Capitán San Martín y los tenientes Alvarez, Ortiz y el Alférez Berisso. Este último, un joven hijo de inmigrantes italianos, que vivían en una chacra familiar, y en donde el mismísimo Berisso ayudaba a arar con bueyes y cultivar la tierra en la región de Piedras de Afilar, noreste del departamento canario.

Los alumnos de la Escuela, encabezados por Boiso Lanza y Berisso, querían con todo su espíritu patriótico independizarse del instructor francés y volar solos. Asimismo, tenían la intención de mantener la Escuela de alguna forma, ya que las autoridades del Ministerio habían expresado que no tenían intención de seguir con el contrato del francés debido a su costo.

Impulsados por las ideas de Boiso Lanza y Berisso en primer lugar, todos los alumnos de la Escuela estuvieron de acuerdo, de que había que probar de alguna forma que podían volar solos y demostrarle a las autoridades nacionales y al público en general. Su intención era despertar el apoyo de la población civil del país, siendo ésta una maniobra muy arriesgada, ya que nunca habían volado solos.

Llegó el día donde la Historia se encontró con este hecho trascendente para la aviación nacional, un 22 de junio de madrugada, minutos antes del amanecer, el Alférez Berisso abordó el Farman y despegó mientras que Boiso Lanza lo intentó hacer en el Bleriot, pero debido a problemas técnicos no logró despegar al no arrancarle el motor.

Era una muy fría mañana y con una niebla cerrada al amanecer, se dificultaba muchísimo la visibilidad. Era una época muy rudimentaria, donde se volaba sin instrumentos de navegación, ni radio y mucho menos paracaídas. Su vestimenta era un traje de cuero que realmente no protegía demasiado al piloto, y en donde su cabina no tenía cerramientos, por lo que volaban a cielo abierto recibiendo de frente el viento y el frío de aquel 22 de junio.

Según los documentos históricos, Berisso escribió que voló sobre un mar de nubes, con poca visibilidad al principio y mucho frío. Pudo sobrevolar para guiarse el pueblo de «Los Cerrillos» y de allí dirigirse al sur, guiado por los rayos de luz de las primeras horas de la mañana. Una vez al llegar a Montevideo, divisó a la actual Facultad de Agronomía que era todo campo a sus alrededores y viró al este con la intención de aterrizar en los campos de Carrasco.

Luego de volar un poco más, divisó el mar y debajo de las nubes, pudo observar la playa Malvín, resolviendo aterrizar en ella después de volar 1 hora y 45 minutos.

Donde aterrizó el joven Alférez el Farman era una extensa playa de arena, donde se entrenaban a los “pingos” (caballos de carrera del Hipódromo de Maroñas). Su tranquilidad, quedaba en manifiesto entre caballos, lavanderas y los pescadores de la zona, que se dirigían hasta la isla de la Gaviotas.

Fueron justamente estos vecinos de Malvín, que se aprestaron a auxiliar a joven Berisso y justamente esos caballos, que de tiro sacaron el avión al día siguiente.

Aquella hazaña fue un enorme hecho histórico para la Aviación Nacional y una demostración del coraje y determinación de los pilotos nacionales, que Berisso patrióticamente demostró que los orientales podían hacer cosas muy grandes, ante los desafíos de la ciencia y la tecnología moderna.

Reseña histórica escrita por el Prof. Mag. Daniel Torena

En celebración del 105° aniversario del primer vuelo sólo del entonces Alférez Cesáreo L. Berisso, la Fuerza Aérea Uruguaya realizó en la rambla O Higgins y Rimac (Malvín), una ceremonia que contó con la presencia del comandante en jefe de la Fuerza Aérea, General del Aire Alberto Zanelli, así como del jefe del Estado Mayor de la Defensa, Gral. de Ejército Juan Saavedra, del comandante en jefe del Ejército Nacional, Gral. de Ejército Guido Manini Ríos, del comandante en jefe de la Armada Nacional, Almirante Carlos Abilleira, entre otras autoridades.

En esta oportunidad, el jefe del ESMADE y los comandantes en jefe de las Fuerzas Armadas, colocaron una ofrenda floral a los pies de la placa que recuerda este hecho, al tiempo que aeronaves de la FAU sobrevolaban el espacio aéreo.

 

105 años de un vuelo que marcó historia